jueves, 20 de agosto de 2009

Filosofía para niños

Por: Laura Martínez Domínguez.
Filosofía para niños, el tema de esta semana ha causado colapsos psíquicos en mí, quiero jugar con los autores y estos se me escapan de las manos, leo acerca del tema, lo entiendo pero soy incapaz de escribir algo medianamente decente que publicar.
Así entre lectura y lectura he descubierto que la filosofía para niños es una propuesta educativa que brinda a los niños instrumentos adecuados en el momento en que comienzan a interrogarse acerca del mundo.
Mediante temas tradicionales de la historia de la Filosofía, a través de un conjunto de pautas metodológicas, cuidadosamente planificadas y experimentadas que rescatan la curiosidad y el asombro de los niños, se propone estimular y desarrollar el pensamiento complejo.
Autores como Matthew Lipman y Ann Margaret Sharp parten de la creencia de que todas las personas y especialmente los niños poseen una capacidad innata para la búsqueda y el asombro por el solo hecho de ser personas. La misma línea sigue Gareth B. Matthews al descubrir que cuando se expone a los niños a los problemas filosóficos expresados en una terminología que comprenden, los niños encuentran estas situaciones intrínsecamente interesantes y por lo tanto discuten en torno a estos problemas espontáneamente y desarrollan un alto grado de compromiso tanto con lo que piensan como con la forma en que lo hacen.
En lo particular, la filosofía para niños es un tema poco desarrollado, por lo que la tarea es expandir la filosofía hasta los confines de las aventuras de pan y chocolate. Y así lograr que la filosofía sea para todos.


LA SABIDURIA DEL NIÑO



Sofía: "¿Eres una niña pequeña que aún no ha llegado a ser la perfecta conocedora del mundo?
¿O eres una filósofa que puede jurar que jamás lo llegará a conocer?" (Gaarder, 1991)*

"(…)Una mañana, la madre, el padre y el pequeño Tomas, de dos o tres años, están sentados en la cocina desayunando. La madre se levanta de la mesa y va hacia la encimera, y entonces el padre empieza, de repente, a flotar bajo el techo, mientras Tomás se le queda mirando.
¿Qué crees que dice Tomás en ese momento? Quizás señale a su papá y diga: « ¡Papá está flotando! ».
Tomás se sorprendería, naturalmente, pero se sorprende muy a menudo. Papá hace tantas cosas curiosas que un pequeño vuelo por encima de la mesa del desayuno no cambia mucho las cosas para Tomás. Su papá se afeita cada día con una extraña maquinilla, otras veces trepa hasta el tejado para girar la antena de la tele, o mete la cabeza en el motor de un coche y la saca negra.
Ahora le toca a mamá. Ha oído lo que acaba de decir Tomás y se vuelve decididamente.
¿Cómo reaccionará ella ante el espectáculo del padre volando libremente por encima de la mesa de la cocina?
Se le cae instantáneamente el frasco de mermelada al suelo y grita de espanto. Puede que necesite tratamiento médico cuando papá haya descendido nuevamente a su silla. (¡Debería saber que hay que estar sentado cuando se desayuna!)
¿Por qué crees que son tan distintas las reacciones de Tomás y las de su madre? Tiene que ver con el hábito. (¡Toma nota de esto!) La madre ha aprendido que los seres humanos no saben volar. Tomás no lo ha aprendido. El sigue dudando de lo que se puede y no se puede hacer en este mundo.

(…)Es como si durante el crecimiento perdiéramos la capacidad de dejarnos sorprender por el mundo. En ese caso, perdemos algo esencial, algo que los filósofos intentan volver a despertar en nosotros. Porque hay algo dentro de nosotros mismos que nos dice que la vida en sí es un gran enigma. Es algo que hemos sentido incluso mucho antes de aprender a pensarlo.

(…)Para los niños, el mundo —y todo lo que hay en él— es algo nuevo, algo que provoca su asombro. No es así para todos los adultos. La mayor parte de los adultos ve el mundo como algo muy normal. Precisamente en este punto los filósofos constituyen una honrosa excepción. Un filósofo jamás ha sabido habituarse del todo al mundo. Para él o ella, el mundo sigue siendo algo desmesurado, incluso algo enigmático y misterioso. Por lo tanto, los filósofos y los niños pequeños tienen en común esa importante capacidad. Se podría decir que un filósofo sigue siendo tan susceptible como un niño pequeño durante toda la vida." (Gaarder, 1991)*

*Gaarder, Jostein (1991). El mundo de Sofía. Madrid: editorial Ediciones Siruela.

Esperamos su asistencia éste sábado 22 de Agosto en la Cafetería El Cairo, ubicada en Cortés de Monroy #2309 casi esquina con División del norte.
Acércate, dialoga, discute y aprende.